
“Creo que una persona que carece de la bendición del amor se está perdiendo una de las partes más importantes de la vida. Hay gentes, entre las que me cuento, que apostamos todo al amor y somos incapaces de manejar la soledad”
Luisa María Miranda en Acercamiento a Gilberto Owen, en el libro Me He Querido Mentir que no Te Amo.
Hoy puedo saber que siempre apostaré por el amor, ahora sé que no es solamente porque no pueda sortear la soledad, sino porque he comprendido que es la mejor apuesta que se puede hacer en la vida. Muchas veces como en el caso de Gilberto Owen, se vive en el mundo de los no correspondido, sobre todo cuando se trata de amor de pareja. Se puede vivir de forma muy plena en otros aspectos y sin embargo dormir solo y soñar solo en los días que se van presentando uno a uno; creo que nadie puede saber lo hermoso que es compartir tus sueños hasta que lo valoras con el tuétano y posiblemente sea demasiado tarde para retomar la mano que te buscaba suplicante.
Me siento en el mundo de Gilberto, en ese en el que tus palabras te cobijan y las humedeces con metáforas melancólicas del amor que no está. Habría que decir que las lágrimas no se secan, se rehúsan a irse de mis mejillas cuando piensan y sienten la ausencia de la persona que creí nunca se atrevería atentar contra este amor compartido. Pero lo hizo. Tan lo hizo que su silencio es la presencia constante que no logro callar.
Aun con todo este vacío y este gran dolor le agradezco a la vida permitirme saborear la miel del amor sano que puedo entregar; no es perfecto, lo sé, pero es completamente dispuesto a saberse equivocado y reivindicar las formas para que fluya mejor. ¿Se le puede reprochar a alguien amar demasiado? Sí. Constantemente lo adivino en los hechos dolorosos que ese amor puso como escusas para irse a abrazar su soledad. ¿Alguien puede preferir vivir sin ese amor por el bien de una soledad imaginada? Sí y aún no lo comprendo. Será porque jamás me atrevería a despreciar el gran regalo de la vida de encontrarte.
Alguna vez deseé no haberte conocido, me alegro que pasara esa etapa porque ahora solo tengo agradecimiento, incluso a que te hayas ido de forma tan atroz porque me indica la vida la forma adecuada de no equivocarme y valorar lo que ella me presenta.
¿Aprenderás en la pérdida? Quien sabe. Ya no te tengo fe. Yo me la tengo. Hay quien muere, como Owen, sin el remanso que es el amor compartido. Hay quien se avienta a un abismo solitario por pura voluntad. Gran paradoja.

Tengo tantas, tantísimas metáforas literales de paradojas infinitas para describir los caminos coloridos que casi prefiero callarme y no intentar desenmarañar nada; dejarlo como una joya que sólo los caminantes cómplices saben.
Pero, es que así es siempre: el camino es de quien lo recorre, de quien está a tu lado en la misma dirección, quien calla, platica o se asombra contigo bajo un cielo que se cae de estrellas…
Por eso solo agradezco…
Gracias Aromo :)
Foto: Nuestras noticias

El amor nunca llega solo. Viene de la mano con todo eso que le damos para acompañarlo. Llega de la mano del miedo, del temor horrendo de ser lastimados y, a cada paso a cada vuelta encontramos un abismo que sortear.
Lo peor del amor es caer en manos de insensatos, porque para ellos éste se vuelve una carga, un abismo que no están dispuestos a vencer; porque para ellos éste se vuelve prescindible, sí, así de absurda es la razón por la que huyen corriendo sin mirar atrás y se llevan consigo toda clase de opciones para que ese amor viva más allá de su egoísmo.
Lo peor del amor es brotar en la tierra lejana de un ser que a la vuelta de su ánimo lo tirará por la ventana o lo dejará en las sobras de la noche a media calle a su suerte, “que no es mucha” (dice Benedetti).
Caer en manos y corazones insensatos es el error del amor, porque éste terminará siendo el motivo paradójico que le acarreará su fin, con el único pronóstico negativo de rondar los suburbios de la vida acompañada.
El amor en manos de insensatos se vuelve agrio agradecimiento, silencio que paraliza, olvido innecesario e inminente. Ojalá que el amor no se vuelva a dar en esas manos, ya que, aunque ignora pero sabe, el dolor que ha causado es mayor de lo que quisiera hacerse responsable.
No culpo al amor, es la mano insensata que llenó de palabras esperanzadas la historia y que ahora bien suenan a mentiras hermosas, pero al fin mentiras, que son la causa de éste desazón de su recuerdo, ojalá que no hubieras existido, no necesitaba tu historia para creer en el amor o para creer que podía sentirlo. Agradezco al amor pero a ti, a ti: te elimino, te abandono en tu ensimismamiento, huyo de tu recuerdo y el de los días en que sonreí a tu lado, que la verdad, ya bien me entristecen.
El agradecimiento en los insensatos no existe, no lo veo en ti aunque lo esperaba en mi expectativa y la mucha fe, hoy muerta, del proceder de tu corazón. La verdad azota mi expectativa, ya eres trizas y cenizas, ¿eso deseabas? Pues ahí tienes. Ya está.
Marina Abramovic meets Ulay
“Marina Abramovic and Ulay started an intense love story in the 70s, performing art out of the van they lived in. When they felt the relationship had run its course, they decided to walk the Great Wall of China, each from one end, meeting for one last big hug in the middle and never seeing each other again. at her 2010 MoMa retrospective Marina performed ‘The Artist Is Present’ as part of the show, a minute of silence with each stranger who sat in front of her. Ulay arrived without her knowing it and this is what happened.”
Continuar y agradecer…

Hace ya días que el camino está solo.
Varios en que la única sombra que se extiende y contrae al pasar el sol su camino cotidiano es la mía.
Estoy sentada, atónita. Al menos no estoy en el shock inicial, al menos estoy a la luz de las letras buscando una hebra que me de certeza.
Y veo el camino solo, que mi esperanza de verte en él se extinguió hace tiempo y que soy la única que ha sostenido ésta esperanza rota.
Ese camino tan acompañado y acompasado, tan brillante y que me sacudía por las noches queriendo abrazarte, está solo, tan sólo solo.
Comienzo a respirar pausadamente después de la sorpresa y veo rotos los sueños y los amaneceres en los cafetales de nuestras cumbres.
Comienzo a avanzar en mi propia brecha y es tan descorazonador el avance porque no logro ver donde está la brecha que tomaste sin mi, ni eso me pudo regalar tu adiós.
Senderos solos los de ambos. ¿Qué motivo tan grande te hizo atentar contra esta historia? Tendría que ser uno enorme o uno muy cobarde.
El amor no se repite, ni el milagro, ni el relámpago. Tu poder fue tan grande que convirtió el camino en barranco y en nimiedades lo irrepetible.

Es tan simple, abres la mano y ya está, sueltas. Las indicaciones hasta suenan obvias, pero no resulta tan simple y tan obvio al momento de enfrentarse a soltar algo que a todas luces es lo que esperabas, lo que se reveló como un milagro tipo relámpago, en medio de la obscuridad, en medio de la noche y sin embargo, así como se está dispuesto para el temblor inesperado y el sonido atronador que impacta tu vida para no volver a ser la misma, el momento de soltar es otro milagro que la vida te pide para seguir el flujo del universo mismo. Duele, pero más duele quedarse varado en un lugar incierto o aferrando algo que termine por destruirse en la palma en puño.
“Dejemos que esto fluya…” así será y yo seguiré cultivando mi camino con corazón, dando, otorgando, agradeciendo.
Yo pedí un milagro y se está manifestando, de eso no tengo ninguna duda.
Agradezco y continuo…
Hacer más. Hacer más la vida, hacer más en la esperanza. Hacer más en el amor. Esa clave la aprendí no hace mucho y me doy cuenta que es la clave de todo lo verdadero, lo perdurable, lo que mueve al universo.
Las cartas de Tarot, la palabra dicha, los cuentos para niños, el Zorrito y el Muchachito, todos son en el amor. No hay duda de eso. Hay una certeza puesta en la fuente de este fluir inagotable. Sé que el universo no está equivocado, que los miedos y las situaciones presentes son solo puentes y no muros impenetrables.
¿Quién podría contra la confabulación de los siglos?
Hoy hago más y cada día más, en el amor, en la certeza, por mí, por ti, por el universo. Honro el amor que te tengo con el amor con el que me despierto y hago mis días.

¿Qué hacer?
¿Tiras las esperanzas o te abrigas con ellas?
¿Permances tranquilo sin expecativas que carcomen la paciencia?
¿Alimentas la espera con confianza?
¿Cuidas de ti para no irte de cabeza con la arena que cae del reloj impaciente?
Y ¿qué cuando ves que la respuesta se demora más allá del horizonte?
¿te oxigena el llanto que también hidrata pero deshidrata el corazón?
¿Te aferras a una idea luminosa hasta aunque se extingue en tus manos como luciérnaga moribunda?
¿Refuerzas los pilares del presente con palitos de paleta?
Y, ¿qué haces si toda tu vida has esperado?
Yo he esperado en las puertas que jamás se abrieron, se me han muerto montañas de luz. He esperado que baje la marea, que cambie, que suba y cuando el mar se sale, simplemente me aferro a mi andamiaje de palitos que obviamente se devora el mar. El silencio es una agresión atronadora, le falta el respeto a la confianza, a la esperanza, tiene poca o nula atención a las tormentas de lágrimas. El silencio, ese caníbal de palabras.
Es tan sencillamente estúpido. Una llamada, una palabra, un toque, una imagen, una mirada, un ademán, una canción. Es tan sencillamente estúpido que ofende la expectativa que se obliga a nacer y se obliga a morir tan pronto intenta decir algo. La expectavia, esa suicida obsesiva.
Y después de todo, esta montaña de palabras y esperas y expectativas e ilusiones son tan mi responsabilidad que la convicción palidece. La convicción, esa cobarde irresoluta. La realidad, esa asesina de ilusiones. La espera, esa tortura impotente. Y a quien esperas ¿acaso no tiene la obligación de pedirte que detengas tu ridículo andamiaje, tu fábrica de nubes soñadoras, decirte que no tiene intención de la plática que pinta futuros? Es tan ridículamente sencillo y sería tan noble a la esperanza, al corazón que sólo pide compartir latidos y compaces. El corazón, ese ingenuo sordo.

Lo que sucede Muchachito, es que me di cuenta que mi herida estaba sana más no completamente rehabilitada. Como la fractura que solda y sin embargo la movilidad aún no se recupera. Se le debe dedicar tiempo, atenciones, compresas calientes, vendajes para dormir. También necesitará movimientos precavidos, primero lentos y poco a poco recuperar la normalidad; luego tendré la movilidad segura. Pero no me he dado ésto y ahora que lo sé lo haré.
Creía completa la recuperación por lo bien que me siento al domesticarnos, sin embargo, a esta falta de rehabilitación se debe mi miedo que no se iba por más cariño que me dabas. No me había dado cuenta que la confianza se me había quebrado hace tiempo y no la había recuperado; por eso el avance temeroso, el llanto recurrente, el miedo a perderte, el temor al mínimo cambio en los ritos que tenemos. Al saberme falta de confianza comprendí que mi temor no es por amar, no es por estar domesticada, es la herida que duele con el frío y que voy ejercitando ahora con cuidado, con tiempo y bajo mi propia responsabilidad.
Voy a lograrlo porque al ponerle nombre a mi miedo éste casi se disipa por completo. Porque al saber que es esto y no otra cosa, pude sentir la fuente fresca que es tu amor. Estoy contigo y estaré en los caminos que están por venir porque te esperaba, porque te encontré, porque sonrío al pensarte, porque te pienso y te quiero con el corazón.
La distancia volvió a ser camino. Ya voy.

Siempre es triste destejer lo tejido. Nuditos ordenados que se sacrifican por el punto inoportuno o el color inapropiado. Vueltas y vueltas del hilo que antes fue ovillo, luego puntada, después patrón materializado para terminar desenredado en un montón de líneas que ya nunca vuelven a su misma lozanía. Pero siempre se puede volver a tejer…
Se teje la tristeza, se desenreda el hilo para volver a ser un tejido armonioso, colorido; que será sueter o gorrito, tal vez cobijita sobrecama. Así paso lo días tejiendome después de la trajedia del error terrible del punto en el que perdí todo orden y tuve que desenredarme; hebra melancólica casi deshilachada, montón de hilo marcado por la puntada tan apretada en la que casi pierdo mi fibra.
Tejo y tejo. Tejona, tejedora, tejiendo-te, así paso ahora mis días imaginando la gran pieza colorida en la que me enredo contigo a cada punto e intención. Se dice que igual que la vida, el tejido se teje sin pensar en lo que se está tejiendo. Ser cada punto sin pensar en el nudo final. Así tejo cuando no estás (aunque siempre estás) tejo y solo tejo. Téjote.